Recuerdos de una mujer india Iowa

Hace ya mucho tiempo, tanto que no existían aún los calendarios ni los relojes. Nos guiábamos por las estrellas y como Tesla aún no había descubierto la electricidad, podíamos tumbarnos en la arena de la playa y contemplar el cielo con total nitidez.
Después de que, ya todos, alrededor de la hoguera y tras fumar el peyote en nuestra pipa, contemplar en la colina del sol de medianoche a mujer “Bisonte Blanco”… y volar con el águila o caminar sigilosamente con el jaguar -animales emblemáticos- nos dirigíamos a contemplar las estrellas a ese mar infinito y profundo que también nos alimentaba.
Como digo, tumbados en la arena podíamos ver los mundos y las galaxias que se hallaban detrás de este mundo y de nuestra galaxia.
Y vimos cómo los hombres “perro” llegaban con carros de fuego y había muerte en ellos y mataban por placer y destruían nuestros tipis, nuestra cultura y a nuestros niños. Pero eso no fue todo, llegó un tiempo de desolación y la naturaleza toda quedó devastada.
Y el hombre “perro” cayendo en su propia trampa se auto destruyó a sí mismo. Se extinguió la vida por una gran guerra de fuego.
Sin embargo, también vimos otras cosas.
Mujer “Bisonte Blanco” nos dejó una piedra blanca en la cual había grabada una historia: “Toda la humanidad que quedara tras las cenizas de la última guerra, comenzaría a caminar y a danzar, de nuevo, alrededor del fuego. Fuego de las dos hogueras, la que danzamos a su alrededor y la del Corazón. Volverían a tumbarse las gentes en la arena para contemplar las estrellas. A esta humanidad nueva se les llamará “hombres y mujeres sanadores”…
El Lucero del Alba los guiará de ahí en adelante y mientras contemplen desde lo alto de las montañas con su animal totémico todos los universos, sus corazones arderán en llamas amorosas del Gran Espíritu: Padre y Madre “Luz.”
Y todo volvería al mismo punto en donde estamos ahora, pero totalmente renovado.
Recuerdos de una mujer india Iowa – 12/01/2019 – BC

(Del libro: “Visiones” de Berta Carreres).

21.- “LAS BARRACAS DE SANTA POLA (2)”

Pues sí, resulta que esta señora de la que hablábamos la semana pasada, estaba muerta y enterrada en el cementerio de Santa Pola. Todo este misterio contado de boca en boca y llevado a la calidad de “bola” que se quedaba en el terror de los cuentos de las noches, entre corros y el aleteo del silencio cercano del Camposanto, hacía crecer la chispa de los terrores infantiles. Aunque temores y terrores que crecían alimentados por el suave imán del misterio y la fantasía que adornaba a las inocentes frentes infantiles. Y cuando más entusiasmo estaban cobrando las historias, a veces, bajo esa calentura de sol de mediodía y sin que ninguno de los críos se diera cuenta de que el sol ya bramaba sobre las cabezas, sobre la arena o sobre el agua de espuma, alguna madre requería la presencia de alguno de ellos, para que hiciera algún encargo. Y allí se cortaba el misterio hasta otro oportuno momento, donde hilvanar de nuevo los retazos de otras bocas.

-Escolta, tens una ñora?
-Ma dit ma mare que li deixes dos mesures d´oli.

-¿Has vist si ha vengut el galliner? pos ma queat sense ous.

Pero pronto aparecían como en un desfile, el gallinero, el panadero, el puesto des torrats y avellanes, los que traían coca en sardina. Desde el que te decía un verso hasta el que te contaba una historia. Pedigüeños, echadores de cartas, la buena ventura… Todo un enjambre de vida acompasada con el rumor de las olas marineras, y de las barcas que hacían su aparición desde la inmensidad transparente. Ese remar lento que no solo abarcaba las olas, sino también esas medias y entornadas luces del crepúsculo. Pillaba la gent el sarnacho y hala a per el ranchet de peix y gel pa refrescá la begúa.

O cómo se sentía la espera de els carrets des chambis y del aigua sivá, después de esa buena siesta de los mayores, después de que les donnes lo tenían todo recogido y arreglado, la arena surcada por el rastrillo, un tanto mojada, la mesa bamboleando el hule con la brisa del poniente y acercando a nuestro olfato, la tierna caricia de alábega.

Todo tranquilo en la tarde, un poco después de la siesta se vuelve a renacer – es algo así como si el día tuviera dos amaneceres – Viene otro baño entre rayos tenues de sol y olas marinas, y después sin proponérselo nadie, ese aigua sivá, la horchata, es chambis, cortes, etcétera que acompañan la lectura de un libro, cómic o novela; o simplemente un paseo por la orilla sintiendo en los pies la delicia fresca de un principio de mar que enamora totalmente.

Luego las meriendas, las picadas, las partidas de cartas y demás, el paseo per els Bañets o Balneario La Sirena; eso era delante de Batiste, y como no el baile en la terraza de este, entre palmeras.
¡Ciertamente delicioso!

Y llega el anochecer, la hora del sopar. Los muy pequeñines ya tranquilamente duermen, los menos pequeñines se las inventan para hacer corros y contarse historias de fantasmas, de mayores, de que si me gustas para novia… historias emborrachadas de felicidad plena, de ausencia de inquietudes.
Y nuestros mayores ya con sus tertulias, con sus juegos y partidas a la vora marinera de una playa eternamente nuestra. La llegada de alguna barquichuela, algo avanzada la noche, de algún pescador aventurero, acompañado sin duda de algún submarinista de vocación, trayendo el enorme pulpo, que al día siguiente nos iba a servir de aperitivo, o algún pececillo fugitivo y las consabidas chapinas con pulpa y todo.

Aquellos veranos en las barracas, sin duda se nos antojan fantásticos, fuera de las órbitas de nuestro horizonte actual. Las cuatro tablas, la vecindad solidaria, el aroma de mar enamorado, las tertulias, las sencilleces de la simple alábega, el porró de vi, es peixets frexiets, el murmullo de los remos al llegar las barcas… Todo, sencillamente todo estaba embriagado con este toque especial de felicidad y vacaciones. Las noches con sus lunas y sus estrellas, los días con su sol radiante, y los momentos sumergidos en esa delicia de agua transparente. Las tardes con sus siestas y el ansiado momento del refresco con aigua sivá (agua cebada).

Y ya la vuelta a casa. Se nos ha venido encima la hora del regreso: La Mare Deu del Lorito, el 8 de Septiembre. Atrás queda la leyenda y el camino polvoriento d´Elx a Santa Pola, posiblemente hasta otro año, pero no de estos los actuales. Todo aquello ya forma parte del recuerdo, aunque no por ello debamos olvidarlo. En su momento nos pareció inmenso, repleto de alegría, compañerismo, solidaridad, descanso realmente. En su momento llenó nuestras vidas de algo más que de “vacaciones”. En aquel ayer de sueño hecho realidad, sin duda los que forjamos este hoy, deberíamos acercar un poco los sentidos para comprender que muchas caricias de entonces esperan nuestra presencia sincera y solidaria.

Y madruguemos para que el sol no nos achicharre, porque por muy rápido que pueda ir el trote del caballo, en la tartana o el carro, con todos y con lo que llevamos de necesario, no llegamos enseguida y nos cubrirá el reguero de polvo y nos cegará los ojos, la boca, y nos hará derramar alguna lágrima (por las motas, claro) y con el pañuelo nos limpiaremos el lagrimal ligeramente emborronado, diciéndoles “hasta otra tarde” a las tartanas, al camí de pols de Santa Pola Elx y sobre todo a las inolvidables “BARRAQUES”. Y en eixa cançó que diu tant: “Venim de la mar, no portem dinés…”
Elche 25 de Junio 1984

Estos artículos fueron publicados originalmente en el semanario BV o Baix Vinalopó desde 1983 a 1985. Actualmente están recopiladas en el libro ELCHE ANTIGUO “Historias y costumbres” de Berta Carreres, publicado en Amazon

20.- “LAS BARRACAS DE SANTA POLA (1)”

Volver al recuerdo de aquellas épocas de caminos, vergeles o arenas engalanadas en “chapines” es algo que solo podemos lograr, si verdaderamente el sol que calentaba aquellos veranos nos rozó de algún cierto modo. Encubrirnos con el manto cálido de las inmensas tardes de estío; tardes repletas de Azorín, Miguel, Pablo, Unamuno, Antonio (años más, años menos). Porque los ecos de poesía, literatura y libertad hacían eso. eco desgranado en las brisas crepusculares de aquellos tiempos.

Seguramente es porque su toque simplemente nos rozó de algún modo. No podemos echar la cabeza a un lado y dejar de contemplar la sombra más querida de nuestro algarrobo, o del pino centenario, que se balancean en mansedumbre sosegada sobre las tejas de “la faeneta”. O los olores que nos llegan con el final de la tarde, de un jazminero que embalsama el inicio de una cena temprana de familia, eso es cuando los rayos del sol están precisamente, levantando vuelo de amanecer en otro flanco del cerro.

O algo más lejos, en otro escenario de espuma, el botixó que descansa albergando su agua fresca, encima de la pequeña mesa con hule, a la sombra del porche de madera; o las macetas de “alfábega” que con tanto amor cuidan las madres y las abuelas; o la intensa y sublime sensación que se recibe, cuando inmersos en el agua plácida, comprendemos que al romperse tan sencillamente las olas sobre nuestro cuerpo, tal vez se rompe también esa antipatía nuestra y morbosa que tenemos hacía la naturaleza.

Pero no empecemos la casa por el tejado, ya nos estamos dando zambullidas y no sabemos cómo hemos llegado a la playa. El camino ya sabemos que está polvoriento, pero el viaje de Elx a Santa Pola es un encanto, sobre todo ayudan mucho las canciones… “Mon anem a la mar.…”

– ¿Quin número de barraca teníu?

– El 290…

– Eixos están pasant el segón sequió…

Y ya entramos en ese mundo de entrañable familiaridad. La barraca dels Ninots, el tío Blayo, Chaques con sus tiendas, tabernas, casas de comidas, lecherías, verdulerías. Todo este cúmulo de barracas a la vora del mar nos deja la sensación de un inmenso rastro de solidaridad familiar. Lo que busques encuentras. Desde la mujer que vende jolivert o perejil – que es lo mismo – pero que ella mantiene que el jolivert es mejor que el perejil, hasta el sonido inconfundible de esquilas y cencerros, que hacen acto de presencia al unísono de los primeros latidos del alba. Y ese murmullo de animales de rebaño, las cabras pasando por detrás de las barracas, el cabrero que vende la leche recién “moñía” (ordeñada), con su espuma y la tibieza, que hay veces que te la tomas hasta sin hervir y sin azúcar, pues resulta una delicia.

Las barracas se desperezan abriendo sus puertas, descorriendo sus cortinas, elevando su voz sencilla en las primeras gotas de luz de la mañana. Se despiertan y se comienza a entretejer la convivencia de todo un día. Tablas con tablas unidas, y entre ellas solo el soplo de la brisa marinera. Ya llegan los panaderos, los carros de la fruta, los vendedores de “los iguales”, y sobre la hora del baño y del armossar, los Portas y Formigó. A veces, ya cerca de San Jaume aplegaben es barqueros para pasear a la gente que lo deseaba y podía pagarlo, y con ellos nos damos un corto paseo en barca.

Definitivamente no nos podemos olvidar del encanto que envolvía aquellos aires playeros, con la ternura de eternas escenas cotidianas. A la orilla del mar, los patos “ñigats” (atados) de una pata. Que ¿qué hacían estos animalitos por allí? pues sencillamente no se iban a quedar solos en la casa del pueblo.

– ¿Queremos hacer una visita al interior de estas entrañables barracas?

Bajo el armazón de madera, un entramado de telas marcaba las diferentes dependencias, con cuerdas y sábanas y per pared “estora” feta en Crevillent, y el pis (suelo) de arena bañá y pasá de rastrell, y a desayunar fora en el entoldat, en la taula en hule y caríes de maera , sentint el olor a alfábega y a mar recién nacido.

– Chica, ¿que fas de armossar?

– Pos sardines rostíes, ai y oli, una tortilla de querailles y una ensalá, ¿y tú…? Cosas sencillas y entrañables.

La delicia se esparce por las flores de aquellos tiempos, nuestro viaje al recuerdo va tomando, tras cada momento encontrado, nueva vigencia, nueva fuerza, nuevo impulso por no dejar el trayecto hasta no habernos saciado de hechos y de sencilleces. Lo que era una odisea de malicia era al sacar el “plat del companage”, todos se fijaban a vore qui ensetaba la bola de formage, la sobrasá o el salchichó, y si sempre eixía el plat en lo mateix, decían: “éstos son de serrím o de la guardarropía del Kursal”. El afecto y el cariño de la vecindad, hoy bien podría llamársele comunidad, estaba patente por doquier, en los adultos, en los niños. Éstos, como siempre ocurre con estas criaturitas – pequeños loquitos – también se las buscaban para pasarlo bien, y entre el agua, los juegos, la algarabía y otros momentos adherentes a la infancia, nos encontramos con la espontánea curiosidad infantil que los lleva a deslizarse sigilosamente por las barracas, ya solitarias, a escuchar conversaciones de adultos, o llevar a cabo alguna que otra investigación en grupo, de muebles, cajones y demás enseres alucinógenos aptos para menores. Los chicos se lo montan que es una fantasía. Y para fantasías las cernojas que circulaban de uno a otro: “Este que se lo ha contado a aquel… y así hasta que te llegan y de golpe te cuentan, que había una señora que todos los años le tenían que cortar el pelo y las uñas. Pero esto es lo fantástico, lo terrorífico para ellos. El terror les gusta a los niños, pues bien, ésta señora resulta… 18 de Junio 1984

Estos artículos fueron originalmente publicados en el semanario BV o Baix Vinalopó, desde 1983 a 1985. Hoy los tienes en el libro ELCHE ANTIGUO “Historias y costumbres” de Berta Carreres en Amazon.

¿Nos hacemos viejos o creemos que nos hacemos viejos? (2)

Y eso es ir despertando de uno en uno. Es decir, que cada uno despierte a su ritmo, y como mejor lo capte.
Las personas de la tercera edad tienen que darse cuenta de que no están acabadas, de que todavía hay mucho camino por delante, de que la edad no es un número, de que la mayoría de las cosas que nos han contado no son ciertas. De que no es necesario atiborrarse de medicamentos, que llevan consigo “efectos secundarios” para que generen más y más enfermedades. De que la industria farmacéutica es un NEGOCIO como otro cualquiera.
Y lo más importante, han de darse cuenta de que el amor, esa energía poderosa que se corta drásticamente al llegar al inicio de la tercera edad, es totalmente imprescindible y necesaria en nuestras vidas. Ya sea para niños, jóvenes adultos o ancianos. Ya sea que seamos animales o cosas.

Darse cuenta de que se nos ha enseñado a olvidar nuestro máximo Poder: el AMOR. Para tomar a cambio, como sustituto, un madero de salvación que no tienen nada de Salvador. Y que se llama SISTEMA MATRIX… se compone con leyes obsoletas y absurdas creencias que matan. Que literalmente matan.

En mi libro de ¿Jugamos? lo explico todo más claramente. En él expongo unas bases, unos cimientos, unas orientaciones para aquellas personas que han llegado a la conclusión de que su vida ya ha terminado con la edad. De que no hay nada más que hacer en este mundo a partir de los 60 años. De que no es la finalidad ponerse delante del televisor y dejar pasar los días. ¡NO ES ASÍ! Y no es así porque la vida, sea a la edad que sea, continúa..

Deberíamos comprender todos que la vida no es lineal. Que no tiene etapas, que es un constante fluir. Quien le ponga etapas le está poniendo condiciones. La está coartando. La está dividiendo.
Aparentemente, las estaciones tienen etapas, pero no es así. Porque en cada estación se renueva totalmente la naturaleza. Y nosotros, que somos parte de esa naturaleza, también estamos unidos a esos ciclos de renovación y regeneración. Por lo tanto, nos podemos re inventar, tal como lo hace la naturaleza. Somos parte de ella, es más, SOMOS NATURALEZA.

Nadie tiene que hacerse cargo de las personas mayores salvo ellas mismas. Pero tienen que saber hacerlo. Aunque si nadie les ha dado el guion de sus vidas para que lo lean, jamás van a comprender lo que tienen que hacer, ni a llevarlo acabo. Irán a ciegas, recordando tan sólo las creencias que les han inculcado.
El guion de sus vidas, que no se equivoque nadie, solo está dentro de ellas -como lo está dentro de todos- no son normas que dicten otros egos. Es la sublime VIDA que hay dentro de cada uno de nosotros y que si la escucháramos de una vez, podríamos vivir de una forma completamente digna. Pero hay que decirles que lo llevan consigo y que lo pueden leer. Porque eso, se les ha olvidado con tanto “programa”.

-¿Le has preguntado a tus mayores qué les gustaría hacer en estos momentos de sus vidas? O simplemente te has limitado a seguir las normas de un sistema caducado de fecha. Esas que te dijeron que a una edad determinada una persona ya es un inútil de la sociedad. Pues piensa que un día, no muy lejano, te tocará a ti. Y entonces ¿qué harás?

Las personas mayores tienen muchísimo que aportar todavía a este mundo. No las deleguemos a realizar los quehaceres más nimios o a no hacer nada. Porque no está en la gloria de la vida que esto sea de esta forma. La sabiduría es innata en ellos. Ya no tienen prisas y son totalmente conscientes de que hay una fuerza Interior que puede mover montañas. Pero si las normas les dicen una y otra vez, que eso no es cierto y que ya no sirven… ellas lo van a creer. Y terminarán con sus huesos secos y sin su piel de Alma, tirados por algún rincón de cualquier parte y sin el amor que les corresponde y se merecen.
Aunque sabemos perfectamente que esto también tiene un precio, pues como dijo alguien alguna vez: no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos… y eso, se paga con muchas creces.

Pero siempre hay temerarios, como yo y muchos otros, que nos atrevemos a decir las cosas tal y como las pensamos. Tal y como las vemos que están pasando. Eso no significa “revolución” contra nada ni nadie, tan sólo es “revolución” para nosotros mismos.
Elche 30 mayo 2020 – Carreres Berta

¿Nos hacemos viejos o creemos que nos hacemos viejos? (1)

Este mundo está lleno de controversias, de creencias incongruentes y de normas y leyes que no sirven para nada. Se nos ha enseñado a no creer en nosotros mismos. Desde niños aprendemos que nuestras vidas tienen que ser como una novela: con un principio, un medio y un final.
Esto estaría bien si todas esas partes de nuestras vidas se vivieran con calidad, pero para nada esto es así. La calidad brilla por su ausencia en todas las etapas de nuestras vidas, si las vivimos tal y como nos ordenan y mandan. Y sino preguntémosle a esta pandemia que lo está poniendo “casi todo” patas arriba o en su sitio, según se mire.

Hablando de los “viejos” (yo siempre preferí el término “personas mayores”), parece ser que hay mucha incertidumbre en este tema. Primero porque la mayoría de las veces, tan solo está centrado en lo que han dictado las creencias de otros, y que nos las han metido a fuego en la cabeza. Sí, como el Paracetamol o las aspirinas. No se mira ni se busca un remedio alternativo, tan sólo cuando te duele algo vas y -por inercia- te tomas la pastilla y sanseacabó.
La vejez es un tema muy delicado, sobre todo porque concierne a una “sociedad limitada” de personas que, la mayoría de ellas son relativamente vulnerables: física, mental y espiritualmente.
En general, muchas personas mayores se sienten vulnerables porque las han conducido como corderos a esa creencia de vulnerabilidad. Jamás se alentó a una persona de 60 años a que siguiera haciendo cosas para su crecimiento, tanto espiritual como mental. Y por el contrario, siempre se les ha advertido, de que a su edad… ¡ni se les ocurra!

Las personas mayores como no despierten, se verán involucradas en un torbellino de angustia, creyendo fehacientemente que sus vidas a partir de los 60 años, incluso antes, ya se han acabado. Que no tienen nada más que hacer en este mundo y que, a lo sumo, el único aliciente que les queda es cuidar de sus nietos y pare usted de contar.
Sí, ya sabemos que les regalan esos talleres para hacer algo creativo y también clases de baile para mayores. Pero todo eso, siempre, absolutamente siempre, siguiendo unas normas. Nunca les van a decir, cuando van a esas clases de baile: “Suéltate el pelo” “Déjate fluir” “Que tu Alma se exprese” “Muévete según tus impulsos”… ¡No! Les aplican los movimientos reglamentarios. Lo que significa que: “les cortan las alas”.
Pero ¿por qué no dejamos ya de bailar al son que nos imponen? ¿Por qué no nos soltamos de las cadenas? ¡No son reales! Nos han hecho creer que sí… ¡pero no lo son!
Para poder vivir una tercera edad, que por cierto, -¿por qué no puede haber una cuarta y una quinta?… con calidad, es totalmente imprescindible y necesario que desde niños, aprendamos a VIVIR. Pero ¿sabemos de verdad VIVIR?.
Desde que nacemos somos conducidos como rebaño. Y sin embargo, ese no es el problema, el problema es que no despertamos y nos damos cuenta de ello. La mayoría del tiempo, los seres humanos vivimos dormidos y eso es muy deprimente.
Si nos dicen: por aquí, nosotros vamos por aquí; si nos dicen: por allá, nosotros vamos por allá. Como dice el dicho: ¿dónde va la gente? Por donde va Vicente.
De alguna manera, y casi sin darnos cuenta, se nos ha inducido a un “sin vivir”. O nosotros mismos, por ignorancia o dejadez, o porque se nos daba la gana de “no escucharnos”, nos hemos dejado caer en los brazos de la zona de confort.
Pero aún estamos a tiempo, aún podemos hacer “algo” para nuestro bien y el de los demás…

Sigue en la parte 2

Me gustan esas personas (2)

Me gustan esa clase de personas que no hacen caso más que de sí mismas. Que son capaces de plasmar lo que les dice su alma en un papel, un lienzo o una partitura, sin tener en cuenta el “protoco cuadrado” del sistema. En definitiva, que son capaces de escuchar su alma y mostrarla a los demás sin corta vientos.

Que son capaces de serenarse tan solo por el amor que le tienen a la vida, mirando un atardecer, o simplemente contemplando cómo juegan los niños. Y además, transmitir esa serenidad.

Que no tienen pereza de sacar la basura de su mente todas las noches para poder, cada mañana, volver a empezar. Miran las cosas como si las vieran por primera vez. Ven a los seres humanos como si los acabaran de conocer, sin ningún punto de referencia del pasado. Tan solo “sintiendo” al ser renovado que tienen delante.

Me gustan esas personas que cada día para ellas es un nuevo día, es un nuevo reto, una nueva esperanza, una nueva decisión de vibrar desde lo más profundo de su Ser. De vibrar y fluir con la Vida, con el Amor.

Esas personas son capaces de liderar un ejército y sin embargo, no quieren más que liderarse a sí mismas. No necesitan ser jefes, porque saben que si mandaran ya no serían jefes. De modo que, respetan y permiten crecer a los demás, porque conocen que todos tienen el derecho a ello. Y estas personas lo saben y nunca jamás van a interponerse entre tu Ser Interno y ellas. Saben que tu dios es quien te guía y que, ellas tan solo están ahí para que tú veas en su espejo tu reflejo. Y tomes las riendas para ser líder de ti mismo y de nadie más.

Esas personas que no llevan carga de ego, y que solo cae sobre sus espaldas el dulce néctar de la ambrosía divina… son las que me gustan.

Esas personas que solo ven la belleza en todas las cosas y en todos los seres vivos. Que ven en ti lo mismo que hay en ellas: pura y total Inocencia.

Elche 28 de mayo de 2020 -BC

El beso (5)

Para enterarte del cuento lee todas las partes: 1,2,3,4 y 5 de forma correlativa. Gracias. BC

Y ya estaba de regreso el Beso hacía Sevilla “la novia de las ciudades de Al-Ándalus”. Llegó a la Giralda, de donde había salido y desde allí, contempló como toda la ciudad estaba transformándose. El Guadalquivir bajaba cantando, pues sus aguas estaban hermosas y limpias.

Desde el barrio de Santa Cruz, subía hasta lo alto un intenso aroma de azahares. Y se podía beber el aire de Sevilla. Con sus paredes blancas y ocres, sus plazuelas con naranjos y sus callejas flanqueadas de casas con rejas de hierro forjado y patios interiores.

El parque de María Luisa, repleto de cedros, palmeras, magnolias, plátanos… estaba resurgiendo y tomaba un infinito matiz verdoso, que se desconocía. Todo estaba vivo.

El Beso preguntó a Sevilla la razón de la Fiesta, pues él tampoco la sabía. Y Sevilla no le contestó, pero le dijo: – Ven, te voy a enseñar más cosas – Y le mostró los Alcázares cuajados de panderetas. Y la Plaza de España que bailaba, vestida con traje de volantes. Y la Feria de abril con sus desfiles de caballos andaluces. Y el gazpacho y el pescaito frito. Y un arranque de alegría que se clavaba en todos los corazones.

– Y ahora – le dijo Sevilla al Beso – Mira en derredor tuyo y arriba. Ahí tienes la razón de esta Fiesta. Andalucía es la novia y el Amor el novio.

El Beso miró a su alrededor y hacía arriba y hacia abajo. Y vio como todo estaba inundado con una suave fragancia de estrellas. La luz era inmensa y los colores más vivos que nunca. El AMOR se extendía apaciblemente por cada rincón de las ocho provincias españolas. Había llegado el novio y estaba besando a la novia… ¡Andalucía, bailaba por sevillanas…! Fin

EL BESO (Fragmento de un cuento del libro 6 CUENTOS DEL AGUA de Berta Carreres). Segundo premio literario de la Universidad de Málaga, año 1986

EL BESO (4)

Para enterarte del cuento lee todas las partes: 1,2,3,4 y 5 de forma correlativa. Gracias. BC

Estaba a punto de descender, cuando notó algo extraño en el aire, algo encantador y hechizante. Se quedó un poco como mareado y por poco no se cae de bruces contra el suelo. La ciudad se mostraba cobijante y amorosa al pie de la Sierra Morena. Y sus ojos vigilantes, observaban con atención las callejas con pequeñas casas encaladas. Las ventanas adornadas con rejas floridas de geranios o el museo municipal taurino y de arte cordobés.

Córdoba era una madre romántica, que gustaba de la contemplación. Y se pasaba horas enteras, ensimismada en los acontecimientos de la ciudad o en su hermosura.

El Beso le tocó el hombro, la sacudió con fuerza en la espalda, pasó por delante de sus narices, pero no hubo manera de sacarla de su ensimismamiento. En aquellos momentos, mamá Córdoba contemplaba un lance de Manolete en el recuerdo y al mismo tiempo, se preocupaba de que las hileras de naranjos y palmeras de la Mezquita tuvieran el suficiente afecto para crecer. Repasaba pacientemente y una a una, las ochocientas cincuenta columnas de mármol, jaspe y granito con sus arcos, por si habían sufrido algún desperfecto.

Los jardines con numerosas fuentes y surtidores estaban excelentemente cuidados, así que ¿por qué preocuparse? – se dijo el Beso – y como no hubo modo de hacerla volver de su ensoñación, le dejó una nota que decía: – “ya veo que estás preparada para la Fiesta, solo que… ¡tienes que despertar!

Le había costado bastante esfuerzo el tratar de despertar a nuestra madrecita, pero el Beso dorado, pronto se repuso y siguió su camino.

Llegó a un puerto pesquero con un gran ventanal, que daba al Atlántico. Un rumor de olas fuertes y bravas y un olor a sal y a yodo, le alertaron que se encontraba ante Huelva, la última de las hermanas a visitar. En este lugar estuvo poco tiempo, pues inmediatamente tomó contacto con la ciudad andaluza y le dio el mensaje que traía. Huelva hizo lo mismo que sus compañeras, se puso a trabajar con ahínco, buscando las mejores galas para la Fiesta.

EL BESO (Fragmento de un cuento del libro 6 CUENTOS DEL AGUA de Berta Carreres). Segundo premio literario de la Universidad de Málaga, año 1986

La llamaban puta

La llamaban puta porque, no cumplía con las expectativas de los “autoproclamados” DECENTES.
Ella era libre y se paseaba por el borde del mundo, desnuda de malicia. Íntegra y sin prejuicio alguno. Se saltaba las reglas de esos que se llaman “cuerdos” y “normales” pero que, en realidad son cobardes, hipócritas y envidiosos.
No se escondía, ella siempre iba a cara descubierta, besando la piel del Cielo, tratando de encontrar su armonía y prestar su apoyo.
Le regaló un millón de veces la cordura al corazón y éste le devolvía sin cesar sus bellos cantos.

Algunas veces, mitigaba un profundo dolor que llevaba, entre las sábanas de algún pasajero de tren desorientado. Y luego, reía a carcajadas por lo fugaz y efímero que es todo.
Se permitía jugar con la Vida y por eso había quienes la envidiaban; poniendo el gato en el cielo, arañando sus espaldas y abofeteándola con insultos que le echaban en la cara.
En el fondo, tan solo era envidia lo que sentían por ella, aquellos mojigatos. Sí, porque ella tenía el valor de hacer lo que le venía en gana. Y si se terciaba, amanecía al alba acurrucada en los brazos de algún amante extraviado. Y se sentía viva por ver latir en sus venas el revuelo de sus alas.

Era inocente y hermosa como la noche del Agua. Pero la ignorancia puritana tan solo vio que estaba loca, que su vida era un sinsentido, que estaba descontrolada. Y para bordarle los adjetivos también puta la llamaban.
Sin embargo, era un pájaro sencillo y sensible que andaba por la vida como Pedro por su casa. Que lucía sus colores a pleno sol y a sus anchas, sin tenerle miedo a la vida, ni a la entrega del amor o a aquellos prejuicios de manga ancha. Tan solo vivía el presente sin importarle más nada.
La llamaban puta pero era una hermosa selfie.

PD.- Esto no es ningún cuento, ni trozo de novela. Es una realidad como un templo y una nostalgia mía por una amiga que se fue, por una enfermedad, en la flor de la vida. Que era tal como la he descrito. Pero como este mundo es así de hipócrita, la hundieron hasta que ya no pudo resistir más y perdió su piel de selfie (su piel del Alma).
Creo que una amiga como ella nunca volveré a encontrar porque, guste o no a esa comparsa de mendigos y harapientos puritanos, ellos jamás podrán volar como ella lo hizo: por esos cielos libres y eternos. Te Amo C. Allá donde estés.
Elche 7 de septiembre del 2019